Comenzamos el día emprendiendo una etapa destinada a unir Viedma con San Antonio Oeste, ya el paisaje era netamente de estepa patagónica donde no había un solo arbol y el sol partía la tierra.
Avanzamos sin problemas hasta que la moto de Julio nos volvió a presentar problemas. Sucedía que la luz testigo de batería se encendía constantemente avisándonos que había un problema eléctrico. Al no escuchar problemas de motor decidimos seguir en la ruta confiados que era un problema mínimo, ya con unos 350 kilómetros en lo que iba del día la moto de Julio dijo basta y quedándose sin batería se nos apagó en el medio de la ruta.
A duras penas y con esfuerzo conseguimos acercarla a la unica estación de servicio que había en la zona para ver donde era el problema.
Frustrados por no poder reparar la moto decidimos salir a buscar un mecánico, lamentablemente estábamos en el medio de la nada, ¿dónde íbamos a conseguir un mecánico de motos?. Consultando al playero la mejor opción que este nos dio fue partir para la localidad de Las Grutas, un lugar que no conocíamos pero habíamos escuchado hablar de él.
Con nuestro mal humor a la orden del día cargamos la batería de nuestro amigo y recorrimos los 30 kilómetros que nos separaban de las grutas. Grande fue nuestra sorpresa al subir una loma y encontrarnos con un mar azul increíble y un pueblo (casi ciudad ya) en su costa. El lugar me pareció lindisimo y a medida que lo empezabamos a recorrer buscando un mecánico más me gustaba.
Como era de imaginarse, en Las Grutas no había ningún mecánico de motos. Por recomendación de otros mecánicos de autos caímos a una Gomeria donde nos atendío Pablo quién resulto ser un fanático de las motos y alguien con mucha habilidad para este tipo de motores.
Presentaciones mediante, nos pusimos manos a la obra con Pablo a tratar de solucionar el problema, al ver que sólo estorbábamos nos decidimos a proveer al grupo de cerveza con tal de paliar un poco el calor de aquel lugar.
A pesar de ser un problema relativamente tonto, nos significó un verdadero dolor de cabeza ya que no teníamos repuestos de este tipo y conseguirlos nos iba a demandar mucho tiempo. Luego de hablar a Buenos Aires y coordinar con nuestro amigo Gustavo conseguimos una fecha para el envío del repuesto.
El problema fue que el repuesto recién iba a llegar en 5 días. Nosotros no lo podíamos creer, ya la posibilidad de llegar a Ushuahia en año nuevo se nos había escapado de las manos y las fechas también, la travesía completa peligraba.
Ya perdido por perdido decidimos poner buena cara al mal tiempo y nos dignamos a disfrutar verdaderamente las playas de las Grutas. A lo largo de esos 5 días pudimos descansar, nadar y hasta hacer un par de asados cargando pilas para cuando debieramos volver al camino.
Finalmente la pieza llego, con toda la ansiedad salimos a buscarla a la terminal de colectivo y una vez que el precioso objeto estuvo en nuestras manos salimos a toda velocidad a entregárselo a Pablo (nuestro Amigo y mecánico) para que lo ensamblara.
La pieza calzó a la perfección y luego de unos cuantos ajustes, la moto estaba regulando y cargando la batería. Ya estábamos listos para partir, desarmemos el campamento, ajustamos el equipaje de las motos y volvimos a las rutas.
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